En España hay 14 millones de hogares. Cada uno de ellos emite 3,5 toneladas de CO2 a la atmósfera cada año, además del CO2 vertido por los automóviles, una media de 3 toneladas anuales por automóvil.
La energía en España es barata, por eso se derrocha. Desconocemos el consumo de recursos naturales que tienen nuestras acciones cotidianas.
El protocolo de Kyoto, firmado por España, en 1997, establece unos límites de emisiones de CO2 a cada país, debiendo pagar unos derechos de emisión cuando se sobrepasen las cantidades acordadas.
No obstante, Kyoto sale barato. El precio establecido para cada kg de CO2 emitido de más, es asequible a cualquier bolsillo.
¿Qué derecho tiene uno a contaminar por el mero hecho de existir?
