Una iluminación eficiente conlleva un menor consumo de energía eléctrica, lo que a su vez redunda en una reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera.
Una iluminación eficiente va desde el diseño de la envolvente de los edificios, y de las entradas de luz, pasando por la elección del tipo de vidrio adecuado, hasta la elección de los equipos de bajo consumo más adecuados para lograr los niveles de iluminación precisos para cada estancia según su uso, de acuerdo con el DB-HE-3 del nuevo Código Técnico de Edificación.