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REVISTA LITERARIA DE
CREACIÓN E INVESTIGACIÓN
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| Las compras de compromiso |
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Pero NO, no, ¡hasta ahí podíamos llegar! Hay que continuar, una ojeada miedosa al reloj, ¡Que no se dé cuenta! no quiero ver como pasa el tiempo, como corre, como me coge. El pinchazo de la aguja contra los omóplatos, ay, y cinco, ..., y veinte. Hay que correr, tengo muchas cosas que ver, que comprar, que probarme. Vamos a llegar a un acuerdo: yo no me paro y tú no corres. Respiro. Ahora más relajada. El vestido de encaje blanco, qué bonito. Me quedaba bien aunque se me veía la cabeza un poco pequeña y las piernas un poco deformes. No debo gastarme 10.000 pelas en el vestido blanco. Sentirme mirada, importante, la gente se da cuenta de que existo y me aprecia. Todo eso por 10.000 pelas. Pero sólo me lo pondré una o dos veces. Aunque me lo ponga más veces, será en el barrio y me dará vergüenza de que me lo vean, de que me vean. Pensarán que soy una puta, que soy distinta. Me da vergüenza ser distinta en el barrio. En cambio, en Madrid no. En Madrid necesito ser distinta. Ummm, zapatos. Si encontrara unos zapatos bonitos, cómodos, mocasines de cuero no clásicos no camper; estaría guay. Posibilidades reales de encontrar lo que busco: 0 %. Cómo jode imaginar cosas que no se pueden encontrar en ningún sitio. Ni siquiera mandándolos hacer los encontraría. No sé cómo son. Es una idea, no una imagen. Aunque te advierto que la única posibilidad que tienes de encontrar unos zapatos es entrando en las tiendas y probándote todos los que no te parezcan horrorosos, demasiado clásicos, demasiado cutres, demasiado tacón. Pero si no tienes tiempo hoy de zapatos. Tienes que comprar el regalo. Deberías ponerte un cartel: SE BUSCA REGALO. Barato sin parecerlo, original, divertido. Quizá aquí. Entro, no se está mal, las dependientes tiene cara de desmayarse o resistir, los ojos ligeramente desorbitados. Las caras de agonía no casan con sus cuerpos delgados, buenos culos, buenas tetas en unas medidas mínimas. A lo mejor es como dice mi madre: o cara o culo, las dos cosas a la vez no. Miro. Me dejo los ojos y las neuronas buscando el dichoso regalito. El último que me queda. Los demás ya pesan en mi mochila ... Sí que pesa sí, me la voy a cambiar de hombro. Uy, que alivio en el hombro derecho. El izquierdo, en cambio, se resiente. Veamos. Una mochila a cuadros, no está mal, un poco sosa. Una bolsa en forma de margarita ¡Cómo mola! ¿Cuánto vale? Ah, pues está bien. Ya está, escogido. Busco a la dependiente con la mirada, buen culo, buenas tetas, talla 36. Oye, ¿me puedes dar el bolso margarita? Gracias. Leche, está sucio. Oye, ¿me puedes conseguir otro? éste está un poco sucio. Me da otro, tarda un montón. También está sucio y conserva el agujero de un alfiler. Paso. Intento limpiar el primero con la mano y parece que se va la mugre. Me llevo éste. Me lo envuelves para regalo, por favor. La dependiente, hay que subir arriba. De acuerdo. No me hace ni caso, está de conversación con otra dependiente. Quizá debería comprar por Internet; así no me vería ignorada. Me da una rabia que me lleven de un sitio a otro, mientras conversan entre sí. ¡Qué me importará a mí su conversación! Me siento invadiendo su intimidad, en una posición incómoda. Me dan ganas de irme corriendo. Pero, la tengo que aguantar, porque soy yo quien quiere el bolso-margarita, quien tiene que hacer un regalo, quien tiene prisa. Se lo da a otra dependiente, marca en la caja, ¿Efectivo o tarjeta? Tarjeta, la saco junto con el carnet de identidad, enfoca con ojos miopes el nombre de la tarjeta y el del carnet. Yo tan tranquila, los dos son míos. Revisar la firma, mirada rápida a la cara. Yo creo que a la velocidad que miran, para no ser descorteses, eso sí, podría darles el carnet de mi prima, o de mi hermana, si tuviera. Curioso, son educadas a la hora de mirarte a los ojos, pero no a la hora de llevarte de una parte a otra de la tienda como quien pasea al perro mientras saluda a los vecinos. El sonido de la maquinita me devuelve a mi realidad, a mi reloj, a la punzada en los omóplatos. Firmo corriendo, cojo el regalo, lo ha envuelto en una bolsa de papel brillante color oro, " de destellos fulgurantes" (esto léase con acento argentino) y me voy volando. Hoy, ni como, ni llego al trabajo |
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Mª Jesús Guerra Pradera |