REVISTA LITERARIA DE CREACIÓN E INVESTIGACIÓN
pezpiloto
pezcofre
pezduende
pezdelimón
bancodepeces
pezballesta
pezglobo
pezmonje
peztigre
pezluna
pezerizo
pezángel


   La cita


"En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no ha mucho un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor". Bueno, ya lo he soltado. Creo que ha quedado bien. Sí, ha quedado bien. La cita, creo yo, siempre embellece el discurso, que aparece así mejorado con los dorados de la "Autoritas". Respiro aliviado, aunque empiezo a notar que alguno de los presentes me mira con atención. Esos señores de traje y corbata, que hablan en un lenguaje crìptico y tiene unos cortes de pelo bastante extravagantes me dan un poco de miedo. Son, eso he entendido, los especialistas, los profesores de universidad. Los miro como si fueran enemigos porque si alguno me preguntara ... ¿Dios mío, qué miedo!, si me preguntara no tendría respuesta que darles. Creo que estoy empezando a sudar; tengo las manos heladas. El cielorraso del techo tiene unas cuantas rajas ( no sé por qué los techos siempre tienen rajas; me parece un defecto imperdonable) Vuelvo a la realidad: tengo las manos sudadas; me las voy a limpiar disimuladamente con el pantalón. Empiezo a notar una tensión en el cuello y los brazos. Como le tenga que dar la mano a alguno de los profesores me voy a desmayar. No, no puedes desmayarte, tienes que relajarte. Mientras lo pienso creo que tengo una sonrisa estúpida en la cara. ¡Se van a dar cuenta! Hay que respirar y cambiar la expresión. Bien, ya he conseguido borrar la sonrisita de la cara. Intento entender lo que están diciendo; no me estoy enterando de nada. Pongo más atención, pero noto que abro demasiado los ojos y la sensación de que no tengo el aspecto descuidado, casual, bello que debería tener me lleva otra vez a este mundo angustioso en que me ha sumido la cita. No sé de qué hablan. Lo estoy empeorando todo. Ahora no sólo tengo pavor a que me pregunten sobre El Quijote, sino que, además, tiemblo ante cualquier pregunta, guiño o insinuación sobre la conversación que mantenemos. No sé nada. Creo que me voy a ir de aquí. ¡Ay!, pero no sé como irme o si dar una excusa. Hay que buscar una válida. Mientras pienso en una, siguen hablando, riendo. Yo asiento y sonrío. Esto es un absurdo. No puedo irme, quedaré mal o, lo que es peor, a nadie le importará lo que digo o lo que hago. No quiero dar la opción de verme ignorado. Creo que mejor me quedo. Cuando creo que me estoy incorporando a la reunión, la imagen de mí mismo diciendo la cita vuelve a mí y un profundo rubor me estalla en las mejillas. Siento que me arden las orejas; estoy inmerso en un océano de vergüenza. Procuro olvidarlo. Ya está hecho. De nada sirve el arrepentimiento.

Uno de ellos está hablando del artículo de prensa de ayer. Bien, siento como el estómago se coloca en su sitio. "Si, lo he leído". Él sigue entonces con su comentario, sabedor de que tiene un interlocutor con los conocimientos mínimos. Al fin, estoy enterándome de la conversación. La verdad es que no estoy de acuerdo con lo que dice y le rectifico: "Yo creo que no es así, o yo no lo entendí así". Me repite el mismo argumento. Me temo que no me ha escuchado, o no ha entendido lo que he querido decir. Insisto, y, sin contestarme, cambia el tema de la conversación. Empiezo a comprender que este señor sólo quiere escucharse y no hacerlo con los demás. Me da rabia. Otra vez la vergüenza inunda mi cuerpo. Parece que el corazón bota solo, solemne, demoledor en una pista de baloncesto cubierta, sin público, sin nadie. Sólo yo lo escucho, zumbando en mis oídos. Vuelvo a mi actitud de escucha atenta y amable. Ellos siguen perorando.

Empiezo a pensar que nadie ha tomado en cuenta mi cita, que yo no he sido lo suficientemente atractivo como para que ELLOS se fijen en mí. Si fuera así no se interesarían por mí, ni por mis conocimientos, ni por mis ignorancias. Bien. Me despido fugazmente y me voy sintiéndome libre, libre e ignorado.

Mis pasos se alejan y mi corazón empieza a latir con otro ritmo, un ritmo personal, alegre, en el que no existen personas que me hablan pero no me escuchan , en donde existo sin necesidad de conocimientos arcanos, digno y feliz.

Mª Jesús Guerra Pradera



® El Pez Volador
pezvolador@lycos.es