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REVISTA LITERARIA DE
CREACIÓN E INVESTIGACIÓN
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| Investigación: AUTOR/OBRA HISPÁNICO |
SOBRE ARREOLA Y SU BESTIARIO Dice Arreola: “En los animales aparecemos caricaturizados y es la caricatura artística lo que más nos ayuda a conocernos”. “El animal sirve para criticar, para ver al sesgo ciertas cosas desagradables”. Esta sería la explicación racional a su Bestiario, Arreola se sirve de toda una galería zoológica para mostrarnos las miserias y grandezas humanas de manera especular. ¿Estamos ante la humana animalidad (como señaló Yurkievich) o proyectándonos en unos animales que son casi humanos?. Pero el mexicano no se queda ahí, y sin restarle importancia a esta lectura podemos ir más allá, a convertirnos en ese lector audaz, observador, cómplice necesario para entender sus fabulosas neurosis. El título de la colección ya merece un comentario: Bestiario, palabra que evoca fábula, mito, superstición, imagen y fantasía, pero ¿porqué?. Ya las primeras descripciones de animales estaban basadas en gran medida, más en la intuición que en el conocimiento real, y de ahí que hoy nos parezcan narraciones fantásticas. Arreola no elige el título de manera arbitraria porque quiere provocar en nuestros espíritus todas esas sensaciones y es lo que acaba consiguiendo, ya que para ello hará buen uso de toda una serie de tradiciones literarias y míticas. El prólogo comienza cuestionando nuestra realidad, caricaturiza al género humano, lo reduce a pájaro, a perro, puerco, gallina, vaca… en un tono de satírica benevolencia, pidiéndonos como Nuestro Señor que nos amemos con todo lo que tenemos de suciedad y de degeneración, sin entrar a valorar si es eso lo que nos hace más humanos o más animales. Convierte al inexpugnable rinoceronte en una suerte de torpe ariete fálico que acaba claudicando a los pies de una niña, tras haberlo metamorfoseado en una esbelta endecha de marfil. El sapo es un dios con forma de esfinge que surge latiendo del corazón de la tierra. El bisonte es el vigor perdido, rendido respetuosamente en las pinturas de Altamira. Lo femenino reside en el suave pelo de la llama, en la invectiva misogínica contra el plumaje del avestruz, en la menstruación del ajolote y en la voracidad desmesurada de una langosta. El león nos aterroriza con su prestancia mientras sueña con la dulce jubilación de una jaula. La ternura tiene forma de oso de peluche y de cría sonrosada y monstruosa de hipopótamo. La jirafa es un burro erguido y el cisne un vulgar adorno de frases hechas. La cebra pasea su singularidad desdibujándose en ella misma. Los topos mueren carbonizados en el centro de la tierra porque una legión de monos que nunca quisieron ser hombres tomaron una decisión atroz. La inteligencia reside en los reflexivos ojos de un búho y en la calva del elefante. La eternidad, en el salto detenido de un ciervo, y la quietud en un corral de rapaces y en la redonda palabra carabao. La sensualidad puede asaltarnos en forma de agonía lúbrica o desde las mandíbulas de la boa, pero no hay que olvidar que el mar está lleno de lenguas, y que las focas entran y salen relamiéndose. Y al final quizás estemos nosotros, hienas que pervertimos al mundo con el ejemplo de padres terribles. ARREOLA, J.J., Bestiario. Obras de…, México, Joaquín Mortiz, 1.972. |
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Ana Gloria Sanz (Madrid, 1968) es licenciada en Filología Hispánica y dice tacos. Actualmente ha aparcado su doctorado en Literatura Hispanoamericana hasta que los profesores aprendan a conducir. Mientras tanto perfila su curriculum y plancha los trajes de sus marionetas. En la actualidad lleva el pelo rojo, pero la semana que viene no te sabríamos decir. Escribe a escondidas y luego no encuentra nada de lo que escribe, por lo que la labor de dar a la luz uno de sus textos es pura suerte arqueológica. En este primer número colabora con dos trabajos: "Sobre Arreola y su Bestiario") y "...Y es que el fútbol tiene algo de tango" que encontrás si buceas en el Banco de Peces. Si en esa página lees esta misma reseña es porque hablamos de la misma persona, aunque tal vez su pelo azul te despiste. |